Año Jubilar de la Misericordia

Con motivo de la celebración de pope@2xun Año Santo centrado en revivir la misericordia de Dios, el Papa Francisco ha publicado una carta dirigida a toda la Iglesia en la que nos da unas pautas para que los frutos de éste acontecimiento universal sean abundantes para todos. La razón principal de convocar éste jubileo es el fortalecimiento de la fe, con lo que con ello ya nos dice la situación en la que se encuentra el corazón de la mayoría de los cristianos: necesitamos hacer “experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiese tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente“.

La misericordia de Dios es una experiencia que cada uno tenemos que hacer primero personalmente, para que luego pueda convertirse en  auténtica celebración con el resto de la Iglesia; y esa experiencia se realiza eliminando del corazón aquello que ha roto o deteriorado el vínculo con Dios y con los hermanos, lo que ha significado despreciar el amor del Padre, los actos que han puesto mi autosuficiencia frente a la autoridad de Dios, es decir, el pecado. Lo único que elimina el pecado es el perdón de Dios, su indulgencia, que se lucra mediante la actitud y las obras que expresan el verdadero arrepentimiento del corazón. Y en un Año Jubilar, la indulgencia que se alcanza es especial, porque la Iglesia distribuye con una mayor abundancia las gracias atesoradas por la redención de Jesucristo y por los méritos alcanzados ante Dios por la Virgen María y todos los Santos (conocidos y desconocidos).

¿Cuáles son esa actitud y esas obras que expresan el verdadero arrepentimiento del corazón y consiguen el perdón cq5dam.web.1280.1280de las penas debidas por nuestros pecados? Pues la actitud fundamental que es necesaria es el deseo real de rechazar cualquier pensamiento, palabra, obra o dejación que ofenda a Dios y/o al prójimo, cualquier comportamiento que desdiga de mi ser hijo de Dios, incluso el que considere más pequeño o insignificante, porque cuando uno ama de verdad a otra persona evita cualquier detalle que pueda molestarla, ofenderla o herirla (¡porque la ama de corazón, no porque haya una ley que obligue!). Y las obras que expresan el cambio real que queremos dar a nuestra vida conforme a esa actitud esencial, las recoge el mismo Papa en la carta: “es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con un reflexión sobre la misericordia (…) acompañar estas celebraciones con la Profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo“, esto es, la confesión personal de los pecados, ya con el corazón limpio comulgar en misa, rezar el Credo y orar por las intenciones del Papa (por ejemplo, un Padre Nuestro y un Ave María) en cualquier catedral o templo que haya sido considerado como jubilar. El perdón de la pena que lucramos con la indulgencia, puede ser aplicada por nuestros pecados o por cualquier difunto, para que sea purificado y cuanto antes llegue al cielo.

Una forma particular de alcanzar la indulgencia jubilar es entregarnos a las obras de misericordia (corporales y espirituales): vivir estos signos de amor poniendo la misma intención que tenía Jesús al realizarlos, irá haciendo nuestro corazón más parecido al suyo. Hemos de vivir la misericordia en concreto, con actitudes que se convierten en hechos particulares; si no, los frutos no serán concretos y particulares, sólo serán ideales y de “buenas intenciones”.

Amparándose en la verdad de que “el perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre”, el Santo Padre ha concedido en el Año Jubilar a todos los sacerdotes una gracia especial: “la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón“; en los últimos jubileos que ha celebrado la Iglesia, es habitual la concesión de éste permiso especial -para algunos o todos los sacerdotes- porque quien únicamente está facultado para absolver el pecado de aborto es el Obispo, el canónigo penitenciario de la diócesis, los vicarios diocesanos y algunos sacerdotes que por alguna circunstancia particular hayan recibido ese poder delegado. Por tanto, os pido oraciones para que -como dice el Papa en su carta- los sacerdotes sepamos prepararnos “para esta gran tarea sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera para llegar a acoger el auténtico y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con su presencia“.

Un Año Jubilar es siempre un año en el que la gracia de Dios se derrama de forma más abundante sobre los corazones que la acogen. Os invito y animo a preparar el corazón como se prepara la tierra para acoger la semilla, que veamos frutos abundantes de amor y de misericordia en la parroquia y en nuestro pueblo de Torrejón de la Calzada; que el día 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Virgen María, cuando se inaugure el Año Santo de la Misericordia del Padre, nuestras almas estén preparadas y dispuestas para convertirse a Dios y a los hombres, especialmente a los que vemos y tratamos todos los días, a aquellos que más nos cuesta su forma de ser y a los que nos han hecho algún daño.

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Aquí os dejamos las ORACIONES  DE POSCOMUNIÓN que estamos haciendo en la misa -después de la comunión- en éste Año de la Misericordia, para que podáis descargarlas e imprimirlas:

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3ªC

4ªC

5ªC6ªC