«Antes de que sea demasiado tarde»

1536Os presentamos un libro escrito por Raquel Martín -responsable de Comunicación de AIN España– y con fotografías de Ignacio Zorí, testigos directos del sufrimiento que están viviendo desde hace años los cristianos de Irak, afincados en la llanura de Nínive desde el siglo I, desde que nació la Iglesia, desde los tiempos de los apóstoles.

Si, como dice el Beato Cardenal Newman, la raíz de la caridad es ponerse en la piel del otro («La primera obligación de la caridad es el esfuerzo por situarse en el pensamiento y en los sentimientos de los demás»), estas páginas, claras y sencillas de leer, nos permiten tocar el dolor, la angustia y el valor de personas, familias y congregaciones religiosas que lo están perdiendo todo por defender su fe en Jesucristo Hijo de Dios resucitado.

La experiencia que se tiene cuando se cierra el libro después de haber leído hasta la última página, es la conciencia clara y veraz de lo que es tener fe: ¡qué fácil y gratuitamente afirmamos ser creyentes en éste occidente opulento, materialista y hedonista! ¿Seríamos capaces de decirlo si viviésemos cualquiera de la historias que cuenta la autora? ¿Continuaríamos defendiéndolo después de ver las escenas que nos refleja el fotógrafo? ¿Tendríamos el amor suficiente a Jesucristo para actuar como los cristianos que aparecen en estas líneas? ¿Podríamos perdonar a quien ha arruinado nuestra vida y la de nuestros hijos? ¿A quien me obliga a emigrar huyendo de la muerte? ¿A quien me ha arrebatado a mi hija o ha asesinado a mis padres delante de mí?

«Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor Nuestro», concluyó el sacerdote el día de nuestro bautismo después de la renuncia al mal y de la profesión de fe que hicimos o que hicieron nuestros padre y padrinos en nuestro nombre, para luego preguntar: «¿Queréis, por tanto, ser bautizados (que vuestro hijo sea bautizado) en la fe de la Iglesia que todos juntos acabamos de profesar?» La respuesta afirmativa que se da implica la aceptación de que la vida de Cristo se reproduzca en mí, de crecer en su amor para amar (perdonar) como él, tener como alimento el cumplir la voluntad salvífica del Padre, y así gozar de la vida eterna de la Trinidad.

Hoy tenemos una vida estable, cubierta en sus necesidades básicas, sin grandes privaciones y con la posibilidad de concederme algunos caprichos; mirando a los ojos del niño de la portada y las fotos de que aparecen junto al texto interior, puedo asegurar que vivo mejor que ellos. ¿Pero cómo es mi fe? ¿Es como la de ellos? ¿Es tan sólida e importante como para ellos? ¿La considero más valiosa que la mía o la de mis hijos? ¿Estoy preparado o preparándome para dar el testimonio que ellos están dando? ¿Cómo vivo mi fe? ¿Cómo la nutro? ¿Crece?

Hoy Dios nos habla a través de ellos, cada uno de los cristianos que sufren en una palabra de Dios para nosotros hoy: «¡Ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón!» (Salmo 94). Os invitamos a leer este testimonio.