Category Archives: Textos para meditar

Meditando con…

San JerónimoSan Jerónimo (Siglo IV)

Existe el peligro de que el ayuno se convierta en lazo de nada tiene que ver con la Cuaresma, que nos quiere ver disponibles y libres. ¿Qué sentido tendría ayunar en los días establecidos y comer de forma increíble el día anterior y el siguiente? Y para quien no come carne casi nunca por razón del gusto, ¿qué sacrificio sería no hacerlo el viernes?

El ayuno o la abstinencia deberían partir de la reflexión sobre la palabra de Dios y del corazón.

Meditando con…

Diadoco de Fotice

Diadoco de Fótice (Siglo V)

La Cuaresma nos ofrece la ocasión de medirnos a nosotros mismos con la totalidad de la persona humana, y nos da la ocasión de integrar alma y cuerpo a través de la oración, el ayuno y la caridad.

Si no buscamos un sano equilibrio interior y exterior en nuestro camino de fe, corremos peligro de ser «sepulcros blanqueados», hombres y mujeres que apuntan a lo mínimo.

Meditando con…

Papa Francisco

Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium

Papa Francisco

Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor. Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia.

 

Meditando con…

San Ireneo de Lyón, Obispo (130-202)

Tratado contra las herejías

San Ireneo de Lyon«Porque el Hijo de Dios se encarnó en una carne pecadora como la nuestra, a fin de condenar al pecado y, una vez condenado, arrojarlo fuera de la carne. Asumió la carne para incitar al hombre a hacerse semejante a él y para proponerle a Dios como modelo a quien imitar. Le impuso la obediencia al Padre para que llegara a ver a Dios, dándole así el poder de alcanzar al Padre. La Palabra de Dios, que habitó en el hombre, se hizo también Hijo del hombre, para habituar al hombre a percibir a Dios, y a Dios a habitar en el hombre, según el beneplácito del Padre.

Meditando con…

San Agustín, Obispo (Siglo V)

Tratado sobre el Evangelio de San Juan

San Agustín«Cualquier hombre que cree -en cualquier parte del mundo-, y se regenera en Cristo, una vez interrumpido el camino de su vieja condición original, pasa a ser un nuevo hombre al renacer; y ya no pertenece a la ascendencia de su padre carnal, sino a la simiente del Salvador, que se hizo precisamente Hijo del hombre, para que nosotros pudiésemos llegar a ser hijos de Dios. Pues si él no hubiera descendido hasta nosotros revestido de esta humilde condición, nadie hubiera logrado llegar hasta él por sus propios méritos»

Meditando con…

San León Magno, Papa (Siglo V)

Sermón en la Natividad del Señor

San León Magno

«Cualquier hombre que cree -en cualquier parte del mundo-, y se regenera en Cristo, una vez interrumpido el camino de su vieja condición original, pasa a ser un nuevo hombre al renacer; y ya no pertenece a la ascendencia de su padre carnal, sino a la simiente del Salvador, que se hizo precisamente Hijo del hombre, para que nosotros pudiésemos llegar a ser hijos de Dios.

Pues si él no hubiera descendido hasta nosotros revestido de esta humilde condición, nadie hubiera logrado llegar hasta él por sus propios méritos».

 

Meditando con…

 San Pablo (†64)

Carta a los Colosenses 1,25-2,3

San Pablo«Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos (…) para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo: ésta es mi tarea, en la que lucho denodadamente con la fuerza poderosa que él me da. (…) Busco que tengan ánimos y estén compactos en el amor mutuo, para conseguir la plena convicción que da el comprender, y que capten el misterio de Dios. Este misterio es Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer.»

Meditando con…

San Fulgencio de Ruspe, obispo (468-533)

Sermón 3Fulgentius_von_Ruspe_17Jh

La caridad es la fuente y el origen de todos los bienes, egregia protección, camino que conduce al cielo. Quien camina en la caridad no puede temer ni errar; ella dirige, protege, encamina.
Por todo ello, hermanos, ya que Cristo construyó una escala de caridad, por la que todo cristiano puede ascender al cielo, guardad fielmente la pura caridad, ejercitadla mutuamente unos con otros y, progresando en ella, alcanzad la perfección.

Meditando con…

San León Magno, Papa (Siglo V)

Sermón en la Natividad del Señor

San_Leone_I_detto_MagnoDespojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya que hemos recibido la participación de la generación de Cristo, renunciemos a las obras de la carne.

Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios.

Meditando con…

 San Hipólito de Roma (170-236)

“Contra la herejía de Noeto”

San Hipolito de Roma

«Debemos esforzarnos por penetrar en todas las cosas que nos anuncian las divinas Escrituras y procurar profundizar en lo que nos enseñan. Debemos conocer al Padre como él desea ser conocido, debemos glorificar al Hijo como el Padre desea que lo glorifiquemos, debemos recibir al Espíritu Santo como el Padre desea dárnoslo. En todo debemos proceder no según nuestro arbitrio ni según nuestros propios sentimientos ni haciendo violencia a los deseos de Dios, sino según los caminos que el mismo Señor nos ha dado a conocer en las santas Escrituras.»