San Sebastián mártir

LaSan Sebastiáns crónicas sobre Torrejón de la Calzada aseguran que la festividad de San Sebastián es la más antigua de nuestra localidad, conociéndose una visita que hicieron sus vecinos al rey Felipe II en 1.576. La imagen de éste mártir romano figura desde siempre en la parroquia (actualmente en el retablo mayor) y sale en procesión todos los 20 de enero, día de su fiesta litúrgica.

Por desgracia, son muy pocos los datos con base histórica que tenemos sobre él, por eso difieren unas biografías de otras, e incluso algunas ciudades se disputan el honor de ser parte de algunos momentos de su vida. Una de las referencias más antiguas, el manuscrito de Filócalo (año 354) incluye a San Sebastián en la lista de los mártires que venera la Iglesia (el “Depositio Martyrum“), y afirma que fue sepultado en la Vía Apia, en las catacumbas que actualmente llevan su nombre; además San Ambrosio de Milán (337-397), señala en varias de sus obras que nuestro patrón era oriundo de Milán (de donde era su madre) y que su memoria era muy venerada allí; sin embargo, otros dicen que nació en Narbona (Francia), lugar que vio nacer a su padre.enviar (2)Los hechos que sabemos de él -probablemente escritos a principios del siglo V, y posteriormente adscritos erróneamente a San Ambrosio- cuentan que Sebastián nació hacia el 256 de una familiar militar, noble y cristiana, y que gracias a su lealtad, inteligencia y valentía llegó a ser capitán de la primera cohorte de la guardia pretoriana cuyo cometido era escoltar y proteger al emperador, en la que era respetado y admirado por todos. También por el emperador, que le permitió residir en su palacio.

Sin embargo, Sebastián, como fiel cristiano, no participaba en los sacrificios idolátricos que los romanos ofrecían a sus dioses, sino que vivía con discreción su fe: no por cobardía o miedo, sino porque así podía realizar más obras de caridad; así, cuando el Emperador Diocleciano promovió una gran persecución contra los discípulos de Cristo, Sebastián aprovechó su grado de oficial para ir a consolar a los cristianos encarcelados, fortalecerlos en la fe y auxiliarlos en sus necesidades. En esto empleó muchas de sus energías y bienes.

Se cuenta que, cuando más arreciaba la persecución contra los cristianos, dos caballeros nobles y ricos de Roma, Marco y Marceliano, se negaron a sacrificar a los ídolos y fueron condenados a muerte; sus padres, Tranquilino y María -que eran paganos- consiguieron que Cromacio, teniente del prefecto de Roma, les diera un plazo de treinta días para persuadir a sus hijos a que sacrificasen a los ídolos, y tuvieron que soportar constantes acosos por parte de toda su familia mientras eran custodiados por Nicóstrato, primer escribano de la prefectura. Conmovidos por las lágrimas de sus padres, esposas e hijos, Marco y Marceliano empezaron a vacilar; entonces recibieron la visita de Sebastián quien, encendido por el amor de Cristo, los confirmó en la fe. Zoé, la mujer de Nicóstrato que había DSCN8577quedado muda hacía seis años, escuchó las palabras del santo y, antes de que finalizase su exposición, se arrojó a sus pies, dándole a entender con gestos su deseo de ser cristiana. Sebastián trazó sobre sus labios la señal de la cruz, y al momento recobró la palabra y empezó a proclamar que profesaba la fe de su sanador.

Al ver éste milagro, Nicóstrato se convirtió a la fe en Cristo, pidió perdón a los dos cristianos cautivos, les soltó las cadenas y declaró públicamente que quería compartir su suerte en el martirio; y lo mismo ocurrió con los familiares que intentaban seducirles para que apostataran de la fe: todos renunciaron a los ídolos, rompiendo en lágrimas y dando gracias a Dios. Por indicación de Sebastián, todos se reunieron en la casa del escribano mientras él iba a buscar al sacerdote Policarpo, quien les bautizó; los recién bautizados permanecieron diez días en casa de Nicóstrato, recibiendo catequesis por Policarpo y Sebastián y siendo fortalecidos para afrontar el combate que les esperaba.

El valeroso Sebastián no dejaba de visitar y animar a los cristianos, visitando las cárceles y llevando a todos palabras de aliento y fortaleza en la fe; mientras, los demás discípulos de Cristo se reunían con el máximo secreto en algunas casas. Aún así, lograron infiltrarse entre los cristianos algunos enemigos de Cristo que denunciaron ante las autoridades las actividades clandestinas de aquellos enemigos de Roma; así, se sabe que Marco y Marceliano fueronenviar (12) asesinados a lanzadas por el populacho de Roma el 18 de junio del año 286, después de haber permanecidos atados a un poste durante un día y una noche; el 5 de julio Zoé, mujer de Nicóstrato, fue colgada de un árbol por los cabellos y murió asfixiada por un fuego de estiércol encendido bajo sus pies; Tranquilino, padre de los santos mártires Marcos y Marcelia­no, fue ordenado sacerdote por por el Papa san Cayo, y murió apedreado el 6 de julio, mientras oraba sobre la tumba de san Pedro; Nicóstrato fue arrestado junto a otros cristianos y fueron arrojados al río Tiber, donde perecieron ahogados el día 7 de julio. Y así muchos más que fueron convertidos, sostenidos y alentados en la fe por san Sebastián.

Los delatores no tardaron en denunciar al centurión romano Sebastián y, como Diocleciano le profesaba gran cariño y respeto a su oficial, al principio se negó  a dar crédito a la acusación; no obstante, y ante la insistencia de sus consejeros, decidió hacer compare­cer al jefe de su guardia para escucharlo de su misma boca. Comprendió Sebastián que había llegado la hora de enfrentarse al gran combate y se presentó ante el Emperador, a quien respondió confesando la fe en Jesucristo como el Salvador, como el único Dios verdadero, a quien pertenecía su corazón; las palabras del santo centurión, enfadaron a Diocleciano y juró castigarle severamente, pero no lo hizo en el momento, DSCN8586por temor de que se sublevaran los soldados al escuchar la sentencia de muerte contra el que tanto apreciaban, así que decidió encomendar la tarea a una tropa de arqueros númidas que estaban a sueldo del emperador y ajenos por completo al modo de ser y sentir de los miembros del ejército romano. Estos obedecieron sin escrúpulos las órdenes del emperador, encadenaron a Sebas­tián sin ninguna consideración por su rango militar y luego lo llevaron a un campo, donde le despojaron de sus vestidos y le sujetaron a un poste. Cuando el jefe númida dio la señal, los arqueros acribillaron con sus flechas el cuerpo de Sebastián, y no pararon hasta que le dejaron por muerto.

Al anochecer, santa Irene -mujer de san Cástulo, cristiano martirizado pocos días antes- recogió el cuerpo asaetado del mártir, quien aún respiraba débilmente, y lo llevó a su casa; sus cuidados hicieron que Sebastián recobrase la salud. Como todos le daban por muerto, podía ocultarse tranquilamente de sus perseguido­res, pero decidió presentarse ante el emperador y denunciar la injusta crueldad que estaba usando contra los cristianos; Diocleciano se turbó ante tan inesperada aparición, creyendo ver el fantasma de su valiente oficial, pero pronto se recuperó del susto y se embraveció como el más fiero tirano ordenando la detención del insolente que venia a despertar sus remordimientos y conduciéndolo al hipódromo, donde mandó que lo azotasen y apaleasen hasta que muriese. Era el día 20 de enero, pero no se sabe con certeza el año (probablemente fuera el 288).

Se dice que, para impedir que los cristianos recogiesen el cuerpo del santo mártir para que venerasen sus reliquias, DSCN8588arrojaron su cuerpo ensangrentado a una cloaca, quedando milagrosamente colgado de un clavo y gracias a lo cual se libró de acabar entre la basura de aquel lugar. Entonces, el mismo san Sebastián se apareció en sueños a una piadosa matrona cristiana llamada Lucina, a la que reveló el lugar en que se hallaba su cuerpo y le pidió que lo enterrase cerca de la catacumba donde descansaban los restos de los Papas; ella hizo lo que le pidió el santo y, desde aquellos días hasta hoy, su sepultura se conoce como la Catacumba de San Sebastián.

La imagen más antigua que se conoce de san Sebastián está en la iglesia de san Pedro ad Vincula, es del año 680 y consiste en un mosaico que representa el Santo en traje de palacio con barba, manto y una diadema en la mano, adornada su cabeza con un halo resplande­ciente; no obstante, las representaciones posteriores le representan como un joven atado a un árbol martirizado por las flechas clavadas en su cuerpo.

Demos gracias a Dios por tener tan poderoso protector de nuestro pueblo y pidámosle a Dios, por intercesión de San Sebastián, que sepamos mantenernos firmes en la fe que han defendido, custodiado y proclamado tantos mártires con su vida, en los momentos de cada día y hasta el final de nuestra vida. ¡San Sebastián, ruega por nosotros!